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Estrella Burgos

El fraude no paga, por lo menos en la ciencia. Y así lo muestran Gerardo Gálvez y Sergio de Régules en “La letra escarlata”, el artículo de portada. Ellos hacen el recuento de algunos casos famosos y al mismo tiempo describen la esencia del quehacer científico, un quehacer basado tanto en el escepticismo y el rigor, como en la confianza mutua entre quienes lo practican. Ahí no tienen cabida los tramposos y cuando son descubiertos su comportamiento se castiga en forma implacable.
La sustancia más común puede ser también extraordinaria cuando se estudia con el máximo detalle: a escala atómica. ¿Y qué más común que el oxígeno? Laura Gasque nos lleva en su “Retrato del oxígeno” hasta esa escala para descubrirnos las muy peculiares propiedades de esta sustancia, vital y omnipresente en la Tierra.
En la sección “Así fue” José Manuel García Ortega narra la turbulenta relación entre un capitán de barco y un naturalista. Robert Fitzroy y Charles Darwin convivieron durante cinco años a bordo del Beagle, en un viaje que amargaría de por vida al primero y sería fundamental para que el segundo pasara a la historia.
Por su parte, en “Epilepsia, la enfermedad sagrada”, María Emilia Beyer empieza por los registros más antiguos sobre este padecimiento y los mitos que lo rodeaban —algunos terribles—, para desembocar en lo que hoy sabe la ciencia sobre la epilepsia y cómo se puede controlar. Se trata de asomarse al órgano más complejo y misterioso que tenemos: nuestro cerebro.
Completa esta edición “Las paredes ya hablan”, de Jorge Wagensberg, sobre una posibilidad fascinante: la de reproducir los sonidos grabados en objetos antiguos y escuchar así, literalmente, el pasado.